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  • eduardocebollada

La vulnerabilidad no es debilidad.


Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el término “vulnerable” significa: “adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente”. Luego, el término “perfecto, ta” significa: “adj. Que tiene el mayor grado posible de bondad o excelencia en su línea.”.

Podemos ver que ambos conceptos: vulnerable y perfecto, podrían llegar a ser como las dos caras de una misma moneda, dos polos que se complementan el uno con el otro por ser quizá conceptos aparentemente antagónicos.

Si ahora cada uno de nosotros hacemos un ejercicio sincero de auto-observación, veremos que las personas generalmente vamos buscando mostrar hacia afuera un aura de perfección. A la misma vez que mostramos dicha perfección “escondemos” todo lo que consideramos que podría hacernos parecer vulnerables, lo que nos avergüenza.

Socialmente hay un miedo implícito en las personas a mostrar vulnerabilidad que va asociado a creer que por ello podemos ser heridos si alguien ve que no somos perfección: perfectos hombres o mujeres, perfectos padres, perfectos hijos, perfectos trabajadores, perfectos cristianos, perfectas víctimas, perfectos canallas, etc.

Dejamos “lo vergonzoso” en la zona sombría que complementa nuestra personalidad. Negamos poder mostrarnos tal y cómo somos en realidad: seres también imperfectos y que cometen errores.

Brené Brown es una famosa investigadora americana; el vídeo de su charla de TED “El poder de la vulnerabilidad” lleva ya más de 51 millones de visionados desde 2010. Lo realizó tras pasar más de 10 años estudiando e investigando sobre el concepto de la “vergüenza” habiendo entrevistado para ello a millares de hombres y mujeres. Entonces se dio cuenta de algo que le resultó muy significativo para la investigación: la gente genuina son personas que se muestran vulnerables y por ello dignas de admirar.

A partir de ahí esta investigadora compartió con su terapeuta lo que para ella fue una especie de “revelación divina”: “Tengo un problema con la vulnerabilidad. Sé que la vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y del miedo, y de nuestra lucha por la dignidad. Pero también es donde nace la dicha, la creatividad, la pertenencia, y el amor…”

Esta reflexión personal podría poner en claro que la vulnerabilidad es el punto desde donde cada uno de nosotros inicie un proceso personal para encontrar respeto y dignidad consigo mismo-a.

Y es que mostrarnos vulnerables, ser capaces de reconocer nuestras partes “débiles”, etc, nos hace más humanos y cercanos, incluso nos da la oportunidad de ser empáticos con otras personas. Conlleva de manera concreta ser respetados por cada una de las partes que nos conforma como individuo: nuestras luces y las sombras.

Y es que vamos por la vida tratando de tapar aquello que nos avergüenza. Lo hacemos de infinidad de formas y hasta con las personas cercanas a nosotros como pareja e hijos. La máscara social que mostramos con la sonrisa, con comportamientos socialmente aceptables, etc es con lo que tapamos nuestras vergüenzas y para no sentirnos vulnerables. Por ejemplo las personas que se muestran rígidas e inflexibles, con un comportamiento “perfecto”, estarían haciendo esto con el fin de aparentar perfección, camuflando sus imperfecciones que se mueven en lo profundo de mundo interno lleno de inseguridades. El narcisista sería un prototipo de persona que tapa su vulnerabilidad con una “aparente” perfección. Por contra, una persona que adopta un rol de víctima taparía con el victimismo ejercer su responsabilidad y respetarse.

En el camino de la vida dejamos el coraje de vivir y amar con todo nuestro corazón, y esto implica muchas veces no ser socialmente aceptado por otros porque vivir con coraje y amar de verdad, conlleva primero amarnos a nosotros mismos primero y con asertividad. Ser asertivos lleva asociado decir si cuando quiero decir si, decir no cuando quiero decir no, y esto no es “polular” para quienes están a nuestro alrededor.

Vivir y comportarnos con asertividad es un ejercicio de coraje. Implica por ejemplo dejar de hacer la comida para otros adultos, cuidar de sus hijos, mostrar una sonrisa cuando realmente me siento triste, o cansado-a, etc.

Lo que está claro es una cosa: “Nunca podrás amar a nadie si primero no lo haces contigo mismo-a”. Es por ello que si a veces pensamos que ya estamos siendo suficiente con otras personas, dicha suficiencia no será plena si de inicio no somos capaces de respetarnos, tener el coraje de mostrar nuestra vulnerabilidad.


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