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  • eduardocebollada

Nelson Mandela: nuestro miedo más profundo

Muchos de nosotros seguramente conocemos quien fue Nelson Mandela, elegido democráticamente Presidente de Sudáfrica en1994 y quien pasó 27 años en la cárcel. Reconocido mundialmente por dedicar su vida a luchar por la igualdad, a derribar el sistema racista del apartheid en Sudáfrica. En 1993 obtuvo el Nobel de la Paz por su mensaje de reconciliación y convivencia entre razas.

En su discurso de investidura como Presidente leyó uno de sus poemas favoritos, el de la escritora estadounidense Marianne Williamson y que bien podría servirnos de inspiración, reflexionar. El poema dice así:

“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para poner de manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros, como lo hacen los niños. Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.”

Vivimos hoy un momento de la Historia de la humanidad donde muy probablemente predomina la emoción del miedo. Nos invaden noticias y experiencias desalentadoras, situándonos imaginariamente en feos y duros escenarios de vida, y no solamente respecto a nuestra salud, sino más allá: en lo económico, en las relaciones interpersonales, etc.

Es por la suma de todo lo anterior que podría existir en algunos de nosotros una única mirada hacia lo que es el instinto de supervivencia puro y duro. Mirar sólo por nosotros, no tanto en los demás. Un “comprensible” egoísmo que nos alejaría de valores fundamentales como la empatía: “habilidad que pueden tener las personas para ponerse en el lugar de otros”.

La falta de empatía nos lleva por ejemplo a pensar/decir cosas como “el que venga detrás, que arree”, sin caer en la cuenta que todos estamos interconectados con todo/s creando a la vez un efecto que pronto o tarde tendría su retorno. El llamado Efecto Boomerang “(…) acciones, pensamientos, sentimientos, que el ser humano siembre sean positivas o negativas, regresan a la vida del individuo y, en ocasiones multiplicado.”

La verdad es que no resulta sencillo saber gestionar equilibradamente nuestro mundo mental y emocional. Desde nuestra niñez se nos educa en habilidades cognitivas, sin tener en cuenta la educación de la inteligencia emocional para afrontar con eficiencia las dificultades y también lo bueno de la vida. Imaginemos una persona posee gran talento en los estudios y/o destrezas y habilidades realizadas de forma exitosa, ¿de qué podría servirle todo eso si por ejemplo sus talentos no están acompañados de un estado emocional equilibrado? Noticia en NBA.com 10/08/2019: “La NBA anuncia un programa de salud mental y bienestar para jugadores”. Allí lo empiezan a tener claro.

Y es que todo hombre y toda mujer contiene 3 dimensiones que poder reforzar a voluntad: la dimensión física correlacionada con los sentidos perceptibles; la dimensión mental propia de nuestros pensamientos; y finalmente la dimensión espiritual, no accesible a los sentidos y que muchas veces rechazamos. Lo Espiritual habita en el fondo de nuestro corazón y es hacia donde apuntaría directamente el poema leído por Nelson Mandela en su discurso de investidura.

El divulgador científico Eduard Punset que convivió con grandes mentes del mundo, hablaba como ejemplo del saber vivir una persona de su pueblo y para él fuente de inspiración para su vida. El “yayo Munllet”, hombre mayor analfabeto siempre sentado frente al río mirando el fluir del agua. Poseía un don de gentes, considerado un sabio; incluso componía poesías. Se infiere de este hombre que desarrolló a voluntad las tres dimensiones: la dimensión espiritual desde el amor profundo por la naturaleza re-conectando probablemente con lo más hondo de su existencia en el silencio frente al discurrir del agua del río. Complementaría desde ahí sus otras dos dimensiones, la dimensión mental con su sabiduría, y la dimensión física expresada en su don de gentes.

El “yayo Muntllet” sería un ejemplo de cordura, y como dice el doctor Mario Alonso Puig: “Lo único que puede traer cordura a este mundo es recuperar el valor del AMOR”. Justo a eso que le tenemos tanto miedo; una propuesta a implementar voluntariamente.


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