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  • eduardocebollada

Quienes somos



Resulta curioso que personas a las que conocemos desde hace años, solemos mirarles con los mismos ojos de aquellas primeras veces que supimos de ellas, y por ejemplo a partir de experiencias de la niñez, la adolescencia, la adultez, y no tanto lo que son ahora de adultos.

Personalmente muchas veces me sucede encontrarme en la calle o en algún otro lugar, con hombres y mujeres que hacía años que no las veía. Cuando lo hago observo que a mi mente vienen imágenes de recuerdos de lo que una vez fueron para mí esas personas.

Es curioso darse cuenta cómo la mente funciona de forma automática asignando que alguien es hoy la misma persona que creímos fue en el pasado. Nos cuesta incluso con el pasar de los años percibir con claridad quién puede ser ahora una persona y no la de tiempo atrás. No percibimos los cambios, que en el presente podemos ser alguien totalmente distinto a lo que una vez fuimos. En mi caso identifico que en muchas facetas de mi vida soy muy distinto a quién era anteriormente; tengo valores y creencias que no coinciden con lo que en su día creía ser.

Entonces, si soy consciente de que yo mismo he realizado cambios significativos, estos mismos cambios también pueden haberse producido en cualquier persona que me encuentro. Actualmente me veo infinidad de veces sorprendido por la calidad de las personas con las que me relaciono. Observo cómo mis juicios preconcebidos y procedentes de mi pasado no corresponden con la experiencia del presente con estas mismas personas. Podría decir entonces que de alguna manera voy renovando mi percepción: gente que antes quizá prejuzgaba o tenía una idea muy limitada de ellas, en estos momentos para mí son totalmente distintas, les tengo una gran estima. También me sucede algo complementario, conocer de cerca a alguien y entonces dejar de tener una imagen idealizada de esta persona.

Es interesante observar cómo cada uno de nosotros construimos imágenes mentales de otras personas por lo que interpretamos que ellas son y también por lo que nos han contado. A veces “colgamos sambenitos” forjando una especie de descrédito o culpabilidad. Me llama especialmente la atención sobretodo cuando opinamos de personajes públicos, cuando les aceptamos como ídolos y también cuando los rechazamos. Atribuimos a su imagen y comportamientos, valores y características según nuestro juicio sin conocerlos.

Cada persona tenemos filtros mentales que intervienen en lo que aceptamos o rechazamos de la gente, también de nosotros mismos. Lo importante es darnos cuenta de que no somos plenamente conscientes de que la aceptación y el rechazo indica más bien quien verdaderamente soy yo. Sin ser muy conscientes, mi historia de vida es la que construye mi identidad, lo que atrae o repele personas y experiencias.

Para conocernos en profundidad es interesante hacerlo a través de las características que atribuimos a las personas, también con las circunstancias de vida que nos suceden, justo para que nos hagan de espejos. Así que gracias al mirar lo que tengo enfrente, es que puedo identificar quien soy, cual es mi información proyectada hacia fuera.

En definitiva alabamos y criticamos personas sin ser conscientes y plenamente conocedores de que dichas alabanza y críticas hablan mucho más de nosotros que de quienes tenemos delante. Se pone entonces de manifiesto un mecanismo de nuestra mente llamado “proyección” que funciona de forma automática e inconsciente. Por ejemplo criticar la belleza de gente podría significar que no somos capaces de reconocer nuestra propia belleza. Quizá en mi vida estoy habituado-a a condenarme por mi aspecto físico u otras características personales y no tanto a apreciar mi propia belleza. Todos la tenemos.

Siendo observadores del mundo, podemos encontrarnos criticando comportamientos de carencia en personas y también comportamientos de irresponsabilidad con el uso del dinero. Mi aprendizaje a partir de auto-observar mi proyección sería por ejemplo preguntarme ¿dónde puedo encontrar la carencia, o un sentimiento de carencia en mi vida. De qué manera también me siento irresponsable con el uso que hago del dinero? La respuesta a la pregunta me va a facilitar identificar lo que hasta ahora no reconocía como algo mío también. Luego quizá puedo ser abundante de bienes materiales, pero de fondo hay en mí un sentimiento de carencia, además de un juicio negativo por el uso que hago del dinero. Esto podría corresponder con creencias sobre la abundancia en nuestro ámbito social, familiar, religioso, etc. Informaciones heredadas que podríamos llegar a transformar con un cambio de percepción.

No hay nada al azar, toda experiencia y lo que percibimos resuena directamente con quienes somos. No existe mala suerte, ni el destino, sino un sin fin de elementos en sincronicidad con quienes somos en realidad. La transformación depende de mi decisión y responsabilidad.


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