Buscar
  • eduardocebollada

Tu peor enemigo

Platón (filósofo griego que nació en el año 427 A.C.) utilizó la alegoría del Mito de la Caverna para explicar la situación en la que el hombre se encuentra respecto al conocimiento. Esta alegoría describe cómo unos hombres (prisioneros y encadenados desde que nacieron) viven en una cueva mirando sólo al frente de una pared donde otros les proyectan sombras de objetos desde detrás. Los encadenados creen que esas sombras son la realidad cuando realmente viven engañados por quienes se encuentran a sus espaldas. Finalmente hay uno que consigue escapar y salir de la cueva; ve entonces la luz del sol y la verdadera realidad (árboles, ríos, montañas, hombres, …). Vuelve a la cueva para rescatar a sus compañeros y estos se mofan de él, incluso peligra su integridad. No le creen.

Es curioso pero pareciera que este Mito de la Caverna de Platón siguiera vigente en nuestros días muchos siglos después. Nacemos con pantallas frente a nuestros ojos donde otros nos muestran imágenes proyectadas de cómo quieren que veamos el mundo. Si esta circunstancia presente fuera tal como explica el Mito de la Caverna, para nosotros despertar y dejar de ser un prisionero podría resultar algo complicado por el poder que nuestras mentes le dan a lo que vemos en las pantallas.

Siguiendo este mismo hilo de alegoría de Platón, hay una escena en la película Matrix (1999) que resume muy bien el Mito de la Caverna. Es justo cuando Morfeo le dice a Neo:

“Eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler, ni saborear, ni tocar. Una prisión para tu mente”.

Bien, dejando a un lado lo que otros puedan o no pretender hacia nosotros, lo que está claro que quien determina su libertad o su cautiverio es uno mismo a través de los pensamientos de su mente, como los encadenados de la cueva que siguen creyendo como realidad las sombras proyectadas y no en la verdad del compañero que escapó de la cueva.

Podemos encontrarnos en la celda de una cárcel y sin embargo tener una mente libre. También podemos encontrarnos en medio de las más fastuosas riquezas rodeados de belleza, y al mismo tiempo tener pensamientos de odio y desprecio por nuestra persona, ser prisioneros del desamor.

Queda claro entonces que nuestro principal enemigo no son las personas, los lugares o las circunstancias con las que nos encontramos, sino el estado mental propio con el que afrontamos nuestra realidad y el presente.

En mi mente puede habitar la libertad, la alegría, el amor, la belleza, etc; o por contra llenarse esta misma de pensamientos de desesperación, tristeza, miedo, decadencia, fealdad. La elección es personal y de ahí que cada individuo tenga dentro de si su particular paraíso o el mayor de los infiernos.

Viktor Frankl, un neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, fundador de la logoterapia y del análisis existencial, sobrevivió en varios campos de concentración nazis. A partir de esa experiencia escribió el libro “El hombre en busca de sentido”. En el libro narra su propia experiencia y habla precisamente de la libertad interior: “Los supervivientes de los campos de concentración aún recordamos a algunos hombres que visitaban los barracones consolando a los demás y ofreciéndoles su único mendrugo de pan. Quizá no fuesen muchos, pero esos pocos representaban una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino– para decidir su propio camino”.

Posiblemente las circunstancias de vida actuales de cada uno de nosotros dista mucho de las de Viktor Frankl en los campos de concentración nazis. Sin embargo su testimonio, su legado puede colaborar a darnos un nuevo significado de la autorresponsabilidad para optar por nuevas formas de pensamiento. Dejar de ser nuestro peor enemigo encontrando en el interior de la mente recursos propios que sostengan y motiven emocionalmente nuestra existencia, decidir nuestro propio camino.

“Hubo un día que aprendí que mi único enemigo era yo mismo. Ese día fue cuando empecé a ganar todas las batallas”. Desconocido.

"Y Dios dijo: "Ama a tu enemigo y yo le obedecí y me amé a mi mismo". Khalil Gibran.

En fin, reflexionemos sobre todo esto quizá para así ser más conscientes de que por mucho que otras personas nos puedan hacer o decir, el peor de nuestros enemigos muchas veces vive alojado sobre nuestras cabezas y en nuestra mente.

La propuesta sería tenernos en mayor estima, hablarnos mucho mejor de lo que hacemos en nuestro mundo interior de pensamientos. Hacer el esfuerzo saludable de entrenar nuestra mente sustituyendo lo viejo por lo nuevo.



74 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo