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  • eduardocebollada

Un cambio de percepción sobre las adicciones


Gabor Maté es un médico y escritor canadiense nacido en Budapest (Hungría), condecorado por su trabajo en el año 2018 con la Orden de Canadá, la más alta condecoración civil del país. A nivel mundial es considerado uno de los mayores especialistas sobre adicciones, específicamente por su labor en el ámbito de la salud mental con pacientes que abusan de sustancias en la ciudad de Vancouver -la zona de mayor concentración de uso de drogas en América del Norte-.

Actualmente es profesor adjunto en la Escuela de Criminología de la Universidad Simon Fraser y médico titular del Hotel Portland, una residencia y centro de recursos para el pueblo del centro de Vancouver. También trabaja en clínicas de reducción de daños de la misma ciudad con pacientes que sufren de enfermedad mental, adicción a las drogas y VIH, o los tres.

Bien, este reputado doctor indica que si queremos investigar lo que causa una adicción hemos de mirar los beneficios de esta misma: ¿qué es lo que esta hace? Por ejemplo: escapar del estrés, estimular, dar vitalidad, … En definitiva la adicción satisface necesidades humanas esenciales, que están detrás del dolor.

En su experiencia con poblaciones de adictos, la adición dice está ligada al trauma y adversidad en la edad infantil. Esto no quiere decir que todas las personas traumatizadas serán adictos alguna vez en su vida, si que cada adicto estuvo traumatizado.

De por si la mayoría de nosotros pensamos que la gente selecciona la opción de ser adicta, sin embargo no tomamos en cuenta que la adicción no es más que una respuesta al dolor emocional.

En opinión del doctor Gabor Maté, “la adicción se manifiesta en cualquier conducta que una persona encuentre temporalmente placentera o con la que sienta alivio, y por lo tanto siente ansiedad por ella, pero sufre consecuencias negativas como resultado de ésta y no renuncia a ella, o no puede renunciar, a pesar de esas consecuencias negativas.

Esto puede incluir drogas, tabaco, sustancias alcohólicas de todo tipo.

También puede estar vinculada al sexo, al juego, a las compras, al trabajo, poder político, juegos en internet... virtualmente cualquier actividad que pueda ser adictiva, dependiendo de tu relación a ella”.

El mismo doctor reconoce haber tenido dos adiciones: al trabajo, para (como beneficio para él en específico) ser querido y deseado; y a las compras de CDs de música clásica.

El trauma no son las cosas malas que te suceden sino lo que sucede dentro de ti como resultado de lo que te sucede. Tras la adicción habría dificultad en no saber gestionar el estado emocional en que puede encontrarse la persona: “no sé qué hacer”. Esto bien podría estar colapsado en la época de la niñez cuando ante una situación traumatizante el niño/la niña no tiene recursos y/o apoyo para gestionar dicha situación. No tener la posibilidad de hablar de la situación dolorosa, compartirla con un adulto para así por ejemplo quitarle fuerza a la situación traumática. Sin apoyo, el niño/la niña elige inconscientemente afrontar el estrés desconectando de sí mismo-a: “Los niños no se traumatizan porque se lastiman, los niños se traumatizan porque están solos con ese dolor”.

Retomando el asunto de la adicción, la primera pregunta no sería “¿a qué se debe la adicción?”, sino “¿a qué se debe el dolor?”. Las adicciones serían entonces respuestas humanas normales al trauma, no tiene nada que ver con la enfermedad, cuando una persona sufre quiere escapar de su sufrimiento, por lo tanto es algo normal.

Sentirse libre, sentir estar vivo-a, sentir plenitud, sentir autoestima, … es algo maravilloso, pero cuando se habla de conseguirlo a través de la adicción se le considera una errónea elección. Realmente no nos damos cuenta que es una solución a un problema de alguien que se puede sentir: “encarcelado-a”, “muerto” en vida, “vacío-a”, “desvalorizado-a”, …

Así que para alguien que quiera sanar su adicción, lo importante será primero identificar la herida que le impulsa a aliviar el dolor a través de su adicción. “Debajo de una personalidad traumatizada, existe un individuo sano que jamás ha logrado encontrar cómo expresarse en su vida, (…); jamás tuvo relaciones en las que pudiera mostrar toda su humanidad auténtica”.

Con todo ello, una posible propuesta para una sociedad moderna pasa por honrar la esencia de la naturaleza humana, colaborar a que las personas tengan espacio para la escucha, la compasión y el entendimiento. “Todo humano tiene un yo verdadero, genuino y auténtico que no puede destruirse”.

Gracias al doctor Gabor Maté, quizá ahora podamos ver que detrás de la adicción hay una respuesta a un dolor y no a alguien con un “vicio”.




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